Reconozca su pecado y aprópiese de la gracia

Quien realmente se arrepiente de sus pecados, está afligido por lo dañino y que—además—le separa del Señor, pero aquel cuyo arrepentimiento es falso, está preocupado esencialmente por las consecuencias.

Aprópiese de la gracia para vivir plenamente

Partamos de una premisa: la religiosidad mata la gracia. ¿Por qué motivo? Porque la religiosidad tiene una apariencia externa de piedad, aun cuando el mundo interior no haya sido transformado. Es mera figura.

Es por ese amor ilimitado del Padre, que Pedro—quien negó a Jesús—y el Saulo de Tarso, un perseguidor de los cristianos en el primer siglo, tuvieron una oportunidad para emprender una nueva vida.

¿Merecíamos la gracia de Dios?

Es por ese amor ilimitado del Padre, que Pedro—quien negó a Jesús—y el Saulo de Tarso, un perseguidor de los cristianos en el primer siglo, tuvieron una oportunidad para emprender una nueva vida.

Nuestros pensamientos y acciones se renuevan (Cf. Romanos 12. 1, 2) porque estamos en Cristo. Si cometemos alguna falla, el camino es arrepentirnos sinceramente y apropiarnos del perdón divino.

No renuncie a la vida de libertad en Cristo

Nuestros pensamientos y acciones se renuevan (Cf. Romanos 12. 1, 2) porque estamos en Cristo. Si cometemos alguna falla, el camino es arrepentirnos sinceramente y apropiarnos del perdón divino.